lunes, 26 de octubre de 2009

Super empate


Realidades de lado, el super clasico fue una fiesta, un expulsado por bando y lujos para el River 1 -Boca 1. Gallardo y Palermo los goles.


De todas las encuestas realizadas previamente al súper clásico ninguna arrojó el empate como resultado final. Incluso, el favorito era Boca por su racha de tres partidos ganados en forma consecutiva, sumado también que River solamente había ganado un partido en el torneo y el nivel de juego en general era paupérrimo. Es cierto (y ya de cassette) que estos tipos de partidos son diferentes, que el presente de ambos equipos queda en la nebulosa cuando el árbitro da comienzo al partido hasta que lo termine. También hay jugadores que cuando se presentan estos encuentros sacan toda su chapa, su currículm vitae de “clasiquero”, generan escalofríos en la tribuna visitante cuando tienen la pelota o juegan con ella.

La tarde del domingo 25 de octubre se presentó calurosa para vivir un nuevo clásico entre River y Boca (el número 185). Por el lado del “millonario”, la fiesta de papelitos, globos blancos y rojos, serpentinas, cánticos, el homenaje al riverplantese Charly García (más rellenito, por cierto), toda la fiesta estaba armada a la altura de la circunstancia, no faltó ni el más mínimo detalle en la hinchada millonaria. Mientras que la popular Centenario destiño el gran estadio Antonio Vespucio Liberti en azul y amarillo, claramente mostrando que los hinchas “xeneizes” estaban ahí. La cancha estaba completamente llena, no entraba nadie más. Se preveía que pasara esto luego de que el primer día de venta de entradas se hayan agotado en ocho horas.

Desde el hincha que vive cerca de la cancha hasta el que vino desde Neuquén solo para este partido, los grandes ex jugadores y técnicos hasta personajes de la farándula televisiva. Como siempre, todos dijeron presente en la cancha. Otra vez River copó su estadio, a pesar de estar muy lejos de la punta. Boca de visitante también se escuchó.

El partido se presentó con varios condimentos importantes como para elaborar un gran plato. Pizcas de Ariel Ortega, ají picante de Matías Almeyda, un poquito de ajo Diego Buonnanotte, mezclados en una suave y exquisita salsa Marcelo Gallardo. Para decorar, un palito de orégano Matías Abelairas y acuérdense que al que le toca la hoja de laurel Cristian Villagra tiene que lavar los platos. Así fue River: un plato en donde algunos ingredientes no tuvieron mucho sabor, pero por lo menos para el hincha fue abundante.

Se notó que desde la llegada de Leonardo Astrada al equipo la actitud cambió. River fue por momentos compacto y sencillo cuando Gallardo manejó la pelota (hasta que salió en el segundo tiempo). La delantera improvisada Buonnanotte – Ortega fue movediza, inquietante, pero sin remate. El “burrito” aportó más haciendo expulsar a Julio Cáceres que jugando con la pelota. Falló un penal y estuvo errático en los pases y desiciones. Caso contrario el del “enano”, porque generó el penal apareciendo por sorpresa sobre la derecha, le hicieron la falta del tiro libre, que ejecutó con categoría marcando el gol el “muñeco”, y luego de varias gambetas asistió a Abelairas en lo que pudo haber sido el segundo gol de River si el tiro del “pitu” no hubiese dado en el palo. El medio campo fue donde más puntos altos hubo: Domingo – Almeyda – Abelairas. Los tres trabaron, recuperaron, pasaron al ataque cuando había que hacerlo y casi se visten de goleadores si Domingo hubiese cruzado un remate dos centímetros menos o lo ya mencionado del “pitu”. Parecían pulpos que agarraban las pelotas que pasaban cerca de ellos. La parte negra fue la expulsión del “kity” Villagra que era evitable. El arquero Daniel Vega volvió a demostrar seguridad, y en el gol no tuvo nada que hacer.

Mientras en Núñez se hablaba de estadio lleno, los vecinos de La Boca trabajaron bien tranquilos en la semana. A diferencia de la comparación de River con comida, Boca fue parecido a un horno para cocinarla: hubo que esperar hasta el complemento para que tome temperatura y aumente el calor el equipo. El mejor del equipo dirigido por Alfio Basile fue Nicolás Gaitán porque molestó mucho por izquierda, genero por momentos “jogo bonito” y fue el chuchillo más afilado del cocinero. La primer parte fue todo del “millonario”, pero el “coco” pareció que despertó a sus muchachos para la segunda. Juan Román Riquelme se acordó que era el genio, el enganche de Boca. Si bien lo que le faltaba al “xeneize” era llegar al arco, comenzó a dominar más la pelota y pensar un poquito más con ella, haciendo bien los pases, jugando sin presión y aprovechando que Gaitán estaba intratable desbordando. Martín Palermo tuvo una, y como todo goleador, convirtió el empate. El gol provino de una jugada que destaca más la asistencia de Román de taco para que el “loco” de zurda coloque la pelota bien lejos de las manos del “indio” Vega. La expulsión de Cáceres fue única mala nota del equipo. El paraguayo cayó en la trampa del pícaro Ortega que simuló un golpe en la cara (cuando fue en el pecho y no para dramatizar tanto) proveniente del defensor. Partido aparte tuvo Roberto Abondanzzieri. En un equipo donde la defensa fue de lo más flojo, el arquero fue de lo más duro, porque le atajo un penal al “burrito”, saco pelotas complicadas y se mostró inmenso bajo los tres palos. El resto del equipo jugó con lo justo, sin sobrarle nada, tal como fue el partido.

El empate quizás fue justo, porque cada equipo jugó bien un tiempo, pero las más peligrosas las genero River. Jugando asi tal vez el “millo” pueda escapar de este laberinto en el que está hace rato, pero le falta mucho. Boca perdió una gran chance de agregarse a los punteros, pero esta a seis puntos y expectante todavía del puntero, que es Colón con 21 unidades. En lo que resta del torneo ambos podrán evaluar si el empate fue lo mas justo o si el mismo los dejó con sabor a poco.


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